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PARA USO INFORMATIVO UNICAMENTE

RESUMENES

  • Dia 1 - 22 de Septiembre
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  • Dia 4 - 29 de Septiembre
  • Dia 5 - 30 de Septiembre
  • Dia 6 - 1 de Octubre
  • Dia 7 - 2 de Octubre
  • Herederos de Winston Cabello, et al. v. Armando Fernandez-Larios

     

    Día 1, 22 de septiembre de 2003

    El caso Cabello v. Fernández Larios comenzó esta mañana en el Tribunal del Distrito Sur Federal de Estados Unidos de Florida presidido por la Jueza, Joan A. Lenard. En este caso, la madre, y los hermanos de Winston Cabello, economista chileno asesinado en Chile en octubre de 1973, intentan establecer la responsabilidad de un ex-oficial del ejército chileno, Armando Fernández Larios, por su participación en la muerte de Winston Cabello. Fernández Larios era uno de los varios oficiales miembro de un escuadrón militar el que se cree ordenó o llevó a cabo el asesinato de más de setenta civiles entre septiembre y octubre de 1973, incluyendo Winston Cabello, asesinado en el transcurso de un viaje en helicóptero a través de Chile. Este grupo militar se conoce como la "Caravana de la Muerte."

    En esta vista preliminar las partes eligieron el jurado de ocho personas de un total de dieciocho y el tribunal consideró el desafío de la parte demandada de hacer uso en juicio de declaraciones tomadas en Chile y propuestas por la parte demandante. El tribunal consideró también otros asuntos procesales.

    Los demandantes del caso son las hermanas de Winston Cabello, Zita Barrueto 56, y Karin Moriarty 43, su hermano Aldo 59, y la madre Elsa. Zita Barrueto representa así mismo, a los herederos de Winston Cabello.

    Los abogados de la parte demandante son Leo Cunningham y Nicole Healy, jefes del despacho de abogados Wilson Sonsini Goodrich & Rosati, en Palo Alto, California, y Robert Kerrigan de Kerrigan Estess Rankin & McLeod, con sede en Pensacola, Florida. Estos letrados de la parte demandante no cobran honorarios para sus servicios profesionales (trabajo pro bono). En nombre del demandado Fernández se encuentra el abogado Steve Davis del despacho Boies Schiller & Flexner de Miami. La demanda se interpuso en nombre de los demandantes por la organización de derechos humanos Center for Justice & Accountability (Centro de Justicia y Responsabilidad ) con sede en San Francisco representada en la vista por su director de litigios, Joshua Sondheimer, Carolyn Patty Blum, miembro del Consejo de Asesoria Legal , y por las internas Angie Barkin y Abby Reyes.

    El Jurado
    Una vez los abogados hubieron hecho sus presentaciones, la Jueza Lenard dió a conocer un horario revisado para la continuación del proceso ya que sufrió una herida reciente por la que requiere atención médica, y el tribunal tendrá celebrara sus sesiones el martes 23 de septiembre, de 9:30 a 2:00, y el miércoles 24 de septiembre, de 9:30 a 12:00. El tribunal no celebrará vista el jueves ni el viernes 24 y 25 de Septiembre y reiniciará su actividad el lunes 29 de septiembre a su hora habitual de 9:30 de la mañana a 2:00 de la tarde, de lunes a viernes. Se espera que el proceso finalice la próxima semana.

    Después de aproximadamente dos horas de interrogatorio por parte de la jueza Lenard con respecto a los antecedentes de los miembros del jurado, los abogados de ambas partes cuestionaron los jurados potenciales y escogieron a ocho de ellos quienes oirán el caso. El jurado esta compuesto por cinco mujeres y tres hombres. Al menos cuatro de ellos tienen ascendencia Latinoamericana - dos hombres y dos mujeres. Dos de las mujeres son afro americanas y dos, un hombre y una mujer son caucásicos. Tras ser elegido, el jurado fue enviado a casa.

    Decisiones procesales y sobre admisión de pruebas
    La jueza Lenard entonces tomó en consideración varias cuestiones procesales planteadas por los abogados. Ella avisó primero que no fallaría sobre la declaración final con las instrucciones para el jurado, la declaración con los criterios legales que el jurado debe aplicar a la hora de tomar una decisión, hasta después de oír las declaraciones preliminares de los abogados.

    El segundo punto que señaló la jueza Lenard fue en lo relativo a la objeción de la parte demandada a la admisión de la prueba demostrativa que uno de los abogados de la parte demandante, Leo Cunningham, tenía planeado usar en su declaración preliminar que consiste en una lista de setenta y dos individuos a quienes se cree la Caravana de la Muerte asesinó. El abogado del demandado, Steve Davis, protestó indicando que la lista de nombres era injustamente prejudicial. El demandante respondió recordando al Tribunal que todos los actos de la Caravana de la Muerte fueron admitidos en sus previas decisiones y que tales acontecimientos son necesarios para probar que la matanza de Winston Cabello formaba parte de un ataque sistemático contra la población civil, y para probar su petición de que el asesinato del Sr. Cabello sea considerado un crimen contra la humanidad. El tribunal confirmó que todos los actos de la Caravana son admisibles, pero estableció que los verdaderos nombres de las víctimas (excepto el de Winston Cabello) no debían ser usados al empezar las declaraciones. El uso de los nombres sería más apropiado al final de los argumentos. Sin embargo, la jueza si permitió que el escrito enumerara las víctimas asesinadas por la Caravana de la Muerte.

    Finalmente, el tribunal se proclamó sobre la objeción del demandado al uso por los demandantes de las declaraciones hechos en Chile. Davis discutió que las declaraciones no se tomaron de acuerdo con los Reglas Federales del Procedimiento Civil y no eran justos para el demandado ya que no había nadie de Chile para administrar el juramento a los testigos. En lugar de eso, los demandantes habían usado a un escribano de una corte de Estados Unidos, licenciado solo en Estados Unidos para administrar los juramentos. Davis discutió que dado que un oficial oportuno de Chile no administró el juramento, no habría pena de perjurio para testigos que no dijeron la verdad. Adicionalmente, Davis discutió que el Acusado no tendría poder de citación sobre los testigos y estaría a "disposición de quien quiera aparecer voluntariamente." Davis sostuvo que tales circunstancias produjeron un testimonio informal que no debe ser admisible.

    La abogada Nicole Healy respondió por los demandantes. Ella denotó que las declaraciones fueron tomadas según una estipulación por ambas partes contenida en una orden del juzgado que especifica que ambas partes expresaron que anticipaban que las declaraciones y otros descubrimientos necesariamente serían tomados en Chile. Healy sugirió que el procedimiento seguido por los demandantes satisfizo las Reglas Federales de Procedimiento Civil porque notificación de ello fue dada a Davis. Las declaraciones fueron tomadas bajo el juramento por un reportero licenciado del tribunal, cada declaración fue transcrita y la mayoría de ellas fueron grabadas en vídeo, Davis estaba presente personalmente o vía telefónica en la mayoría de las deposiciones para remitir el examen de las objeciones y el examen por la parte contraria. Healy citó la Regla Federal de Procedimiento Civil ("FRCP") 807 que sugiere que en circunstancias demuestran la certeza del testimonio. Adicionalmente Healy citó a FRCP 29 que expresa que las partes pueden acordar sobre cualquier procedimiento de descubrimiento. Dado que ambas partes estipularon la necesidad de tomar las deposiciones en Chile, Healy discutió que Davis había renunciado cualquiera objeción. Healy también citó FRCP 804, que tiene en cuenta el uso del testimonio previo cuando los testigos están indisponibles, siendo la base para la admisibilidad de las deposiciones. Un individuo ha fallecido desde que dió su testimonio, y el resto viven actualmente en Chile o fuera de la jurisdicción del tribunal. Finalmente, el abogado de los demandantes, Kerrigan, expresó que los demandantes ofrecieron tener un notario chileno para proporcionar un juramento a los deponentes, y que Davis había dicho que eso no era necesario.

    La jueza Lenard dijo a ambas partes que ella no fallaría ligeramente en este asunto e instruyo al abogado demandante a someter un memorándum legal sobre el asunto para las 4:00 de la tarde ese día, y al demandado a responder a las 9:00 de la mañana siguiente. Así instruyó a ambas partes de continuar sus casos sin el uso de las declaraciones hasta que ella fallara sobre las mismas, aunque no indicó cuando ese fallo se iba a producir.

    Mañana, ambas partes presentarán las declaraciones preliminares al jurado, y los demandantes comenzarán a presentar a sus testigos.

    Arriba

     
    Día 2, 23 de septiembre de 2003

    Tras haberle tomado juramento al jurado a las 9:53 de la mañana, la jueza Lenard dio comienzo a la causa Cabello v. Fernandez-Larios e convocó a las partes para presentar sus argumentos y declaraciones iniciales.

    Argumentos iniciales de los demandantes

    En sus argumentos y declaraciones preliminares, Leo Cunningham, el abogado de los demandantes, expuso ante el jurado la esquema fundamental del caso, explicando que el mismo se trata del asesinato de Winston Cabello, quien, junto a doce víctimas más de la “Caravana de la Muerte,” fue ejecutado en la cuidad de Copiapó, Chile el día 17 de octubre de 1973. Señaló que unas 55 personas más fueron asesinadas en los momentos poco antes y poco después de la toma de poder del entonces recién-instalado dictador chileno Pinochet. Cunningham comentó que, en el momento de su muerte en 1973, Winston Cabello tenía 28 años de edad y que, además de ser economista y director de planificación regional, era marido e hijo como también padre de dos niñas pequeñas. Según Cunningham, los demandantes solicitan que Fernández Larios sea responsabilizado de su papel en la muerte de Winston.

    A solicitud de Cunningham, Aldo Cabello, hermano de Winston; Zita Cabello-Barrueto y Karin Cabello-Moriarty, hermanas de Winston, se pusieron de pié en el momento que Cunningham los presentó al jurado como los demandantes. Invocó además a Elsa Cabello, madre de Winston, a quien su mal estado de salud no le permite asistir al juicio, como también a la esposa y los hijos de Winston, quienes permanecen en Chile.

    Querella. A continuación, Cunningham explicó que los demandantes estaban presentando cuatro reclamos contra Fernández:

    En primer lugar, los demandantes lo responsabilizan a Fernández de la ejecución extrajudicial (fuera de todo proceso de ley) de Winston Cabello. A fin de establecer la culpabilidad de Fernández, los demandantes tendrán que probar ante el tribunal que (i) Winston Cabello fue ejecutado; (ii) que la ejecución se realizó sin previa autorización judicial; y (iii) que la ejecución fue llevada a cabo a manos de un oficial actuando bajo apariencia de legalidad (es decir, actuando en nombre del gobierno).

    Segundo, los demandantes sostienen, además, que Fernández Larios participó en la tortura de Winston Cabello. Tendrán que probar, en términos generales, que Winston Cabello habría sufrido severas torturas físicas y mentales mientras estuvo bajo custodia oficial.

    Tercero, los demandantes le imputan al demandado el trato cruel, inhumano o degradante de Winston Cabello; y

    Finalmente, los demandantes alegan que Fernández Larios participó en delitos de lesa humanidad contra Winston Cabello. Para probar este reclamo, señaló Cunninham, los demandantes tendrán que demostrar que la muerte de Winston Cabello fue producto de una arremetida sistemática y de gran envergadura contra el pueblo chileno. Les advirtió a los integrantes del jurado que no se dejaran confundir por el rubro “delitos de lesa humanidad”: el caso sigue siendo un caso civil y no criminal.

    Teorías de Responsabilidad. A continuación, Cunningham expuso tres vías por las que Fernández Larios podría ser responsabilzado judicialmente de los actos que se le imputan: primero, si dichos actos fueron cometidos directamente por Fernández Larios; segundo, si asistió o incitó a otros en dicha comisión (es decir, si proporcionó ayuda significativa a terceros que habrían cometido los actos); y tercero, si Fernández Larios conspiro con terceros en la comisión de dichos actos, lo cual implicaría su participación en un acuerdo o conspiracipara asesinar a Winston Cabello.

    Resumen de las Pruebas en Evidencia. Cunninham señaló que las pruebas harían fe que, a la hora de su muerte en 1973, Winston Cabello era un economista de 28 años, radicado en Copiapó y laborando para el gobierno democráticamente elejido del presidente Salvador Allende. Todo en Chile cambió cuando, el día 11 de septiembre de 1973, Allende fue derrocado por el ejército chileno, encabezado por el general Augusto Pinochet. En aquel entonces, Fernández Larios tenía 24 años, unos cuantos años menos que Winston Cabello y – a diferencia de Cabello – era soltero y sin hijos.

    Cunningham explicó que Fernández Larios se había integrado a un pequeño escuadrón de militares, comandado por General Arrellano, para cumplir una misión en Chile. La comitiva llegó a conocerse como la “Caravana de la Muerte” y era tan pequeña que contaba con un solo helicóptero. Cunninham les mostró a los miembros del jurado un mapa que demarcaba la trayectoria de esta comitiva a través de la campiña chilena. El mapa mostraba las alejadas aldeas que Fernández Larios y el escuadrón habían recorrido en helicóptero. Según Cunningham, la comitiva se dirigió primero a la localidad de Cauquenes, donde, como el propio Fernández Larios había reconocido anteriormente, cuatro personas murieron a manos de la Caravana de la Muerte. Inmediatamente después, relató Cunningham, la comitiva regresó a Santiago, donde Fernández Larios nunca informó a las autoridades sobre las cuatro ejecuciones de Cauquenes. Luego de pasar dos semanas en Santiago, Fernández Larios, junto a la comitiva, se dirigió hacia La Serena en el norte de Chile, donde 15 personas fueron asesinadas fuera de todo proceso de ley. Cunningham apuntó entonces la localidad de Copiapó, el próximo paradero de la Caravana de la Muerte. Allí, 13 personas fueron ejecutadas, incluyendo Winston Cabello.

    Cunningham describió lo que el jurado llegaría a conocer a través de testimonio de testigos a respecto del papel de Fernández Larios en las matanzas de Copiapó, lo cual incluiría: la participación de Fernández Larios en el proceso para seleccionar los detenidos a ser ejecutados; la ayuda proporcionada por Fernández Larios al general Arrellano; haber golpeado violentamente a un detenido en la guarnición militar de Copiapó; y sus esfuerzos para sacar a un paciente del hospital en las horas de la madrugada del 17 de octubre de 1973, alrededor de los momentos en que las demás víctimas de Copiapó fueron transportadas fuera de la ciudad y asesinadas. Cunningham advirtió que otros testigos darían testimonio sobre lo que ellos vivieron la noche que Winston Cabello fue sacado de la prisión de Copiapó. Describirían como, horas después de la llegada del escuadrón de Fernández, Cabello, junto con unos 12 presos políticos más de Copiapó, fue sacado de la prisión de Copiapó, llevado a un local alejado, asesinado y arrojado dentro de una fosa común. Cunningham declaró que el jurado escucharía testimonio de médicos que vieron los cadáveres 17 años después, luego de ser desterrados y antes de que fueran incinerados. Estos testigos explicarían que los detenidos fueron masacrados y no tan solo tiroteados, y que algunos fueron cuchillados.

    Cunningham relató la salida de Fernández Larios y su escuadrón de Copiapó, luego de la cual se dirigieron hacia Antofagasta donde Fernández Larios reconoce que fueron ejecutado unos 14 detenidos más. La comitiva partió entonces para Calama, localidad en la que 16 más fueron asesinados. Cunningham resumió para el jurado la historia que contaría una madre, quien para entonces se encontraba detenida junto con su hijo en Calama. Ella contaría como, a través de las rejas, había observado a Fernández Larios y su escuadrón hicieron una redada del penal y los montaron a su hijo y otros detenidos sobre un camión, para ser llevados fuera de la ciudad y ejecutados.

    Cunningham señaló que en el pasado Fernández Larios ha expresado que “el haber sido parte del escuadrón de Arellano me ha ocasionado grandes problemas de conciencia” y que “recuerdo que mataron a muchas personas y que yo tomé parte en esas ejecuciones.”

    Para concluir, Cunningham agradeció a los integrantes del jurado por haber cumplido con su deber civil, recordándoles que cada causa era importante, y que esta causa en específico era particularmente importante para la familia de Winston Cabello.

    Argumentos preliminares del demandado

    Luego de que Cunningham concluyera su presentación inicial al jurado, Steve Davis, abogado de la defensa, comenzó su propia presentación inicial, declarando en primer lugar que: “Armando Fernández Larios no mató a Winston Cabello. Armando Fernández Larios no torturó a Winston Cabello. Armando Fernández Larios no tuvo nada que ver con lo que le sucedió a Winston Cabello.” Davis entonces se refirió al resumen de Cunningham del caso y señaló que el mismo no incluía ninguna prueba de algún contacto directo entre Armando Fernández Larios y Winston Cabello. La razón por la que Cunningham no había incluído tal prueba, sugirió Davis, es porque no existe, porque nunca ocurrió.

    Davis hizo resaltar que mientras que el caso era importante para Armando Fernández Larios, no se trataba de algo complejo. Davis acusó a Cunningham de haber esquivado intencionalmente los detalles del caso, los cuales “confirman que Armando Fernández no tuvo nada que ver con la muerte de Winston Cabello.” Con relación al uso de Cunningham de una declaración del Fernández Larios, hecha en su deposición y en la que reconoció haber dicho que su participación en la comitiva de Arellano le había ocasionado graves problemas de conciencia moral, Davis explicó que Fernández Larios había hecho ese reconocimiento en Chile en un esfuerzo para disculparse, y que no tenía ningún vínculo ni con Winston Cabello ni con los procedimientos actuales.

    Davis declaró que el asunto sobre el cual el jurado sería convocado a decidir era: “exactamente qué fue lo que le pasó a Winston Cabello, y si Armando Fernández tuvo algo que ver con ello.” Les recordó a los miembros del jurado que su deber a cumplir era de seguir la prueba en evidencia y no de decidir el caso basado en: (i) remordimiento impropio hacia Fernández por causa de su calidad de miembro del ejército chileno, o (ii) compadecimento por la familia de Winston Cabello. El caso, reiteró Davis, debería ser decidido según las pruebas en evidencia.

    A continuación, Davis describió la vida de Fernández Larios y su carrera militar. Fernández Larios nació en Washington, D.C. en 1949. Su padre era miembro del ejército chileno y trabajó en la embajada chilena en Washington D.C. A pesar de haber nacido en Estados Unidos, Fernández Larios regresó a Chile, donde creció y se educó. Mientras que estuvo en Chile, se incorporó al colegio militar, del cual se recibió en 1969. En enero del 1970, a la edad de 20 años, Fernández Larios fue nombrado teniente subalterno del ejército chileno y trabajó en la infantería. Davis señaló que éste era un cargo muy bajo en el ejército chileno.

    Davis explicó que el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, encabezado por el general Pinochet, derrocó al gobierno chileno. Davis afirmó que, para con Fernández Larios, Chile se encontraba en un estado de guerra y su deber como militar era de seguir todas las órdenes que se le daban. Fernández Larios pensaba que el ejército representaba la ley. Davis hizo énfasis en el hecho de que Fernández Larios se encontraba estacionado en Santiago en el momento que Winston Cabello fue arrestado en Copiapó por la fuerza local y que Fernández Larios no tuvo nada que ver con el arresto de Cabello.

    Davis habló de las órdenes dadas a Fernández Larios para que reportara al general Arellano, quien, según Davis, era el general más poderoso de todo Chile. Con semejante poder e influencia, el general Arellano tenía una delegación de soldados asignados a su escuadrón. De todos estos soldados, Fernández Larios era quien menor rango tenía. Como ejemplo de ello, a Fernández Larios no le dieron ni siquiera audífonos para usar en los viajes de helicóptero de la comitiva.

    Davis relató el protocolo seguido por la comitiva de Arellano a medidas que se trasladaban de ciudad en ciudad. Luego de que escuadrón llegara a una ciudad, Arellano les daba un discurso a los oficiales de la ciudad y luego se reunía en privado con dichos oficiales antes de partir con su escuadrón. Fernández Larios nunca participó en ninguno de estas reuniones privadas. Davis señaló que Arellano tenía un documento de Pinochet en el que se le otorgaban los poderes de Pinochet, pero afirmó que Fernández Larios era un militar de tan bajo rango que nunca llegó a ver tal documento con sus propios ojos.

    Los más importante de todo, dijo Davis, es que Fernández Larios ni asistió a, ni vio ni participó en ninguno de los interrogatorios o ejecuciones que él reconoce que fueron hechos o cometidas por la Caravana.

    Davis concluyó su presentación preliminar, explicándole al jurado que a pesar de que Fernández Larios siente remordimiento por el hecho de haber estado dentro del helicóptero, no tuvo ningún papel en la muerte de Winston Cabello. Reiteró sus instrucciones al jurado de decidir el caso basado únicamente en las pruebas en evidencia, y no en sentimientos pésame por la familia de Cabello u odio hacia el demandado. Y la prueba, alegó Davis, “demuestra que Armando Fernández no tuvo nada que ver con la muerte de Winston Cabello.”

    Testimonio de Patricio Barrueto, testigo para los demandantes

    Próximamente, la jueza Lenard convocó a los demandantes a que llamaran a su primer testigo. Cunningham lo llamó a Patricio Barrueto a la tribuna. Patricio, conocido como Pato, es el cuñado de Winston Cabello y tenía 27 años a la hora de su muerte. Hoy en día, Pato es el padre de dos hijos, Felipe, de 31 años y Roberto, de 25, y vive en el área de San Francisco Bay, donde administra una guardería infantil. Pato testificó que lo conoció a Winston por primera vez en 1963, cuando Winston tenía 19 años. Ambos eran estudiantes de la facultad de ciencias económicas. Pato era miembro de un grupo de música y danza folclórica y Winston se había integrado a este grupo como guitarrista. Pato conoció a su esposa Zita Cabello a través de este grupo musical, cuando Winston empezó a llevarla a ella y a una amiga a los ensayos. Winston estudiaba para un título en ciencias económicas, el cual logró en poco tiempo con una especialidad en contabilidad y actividades económicas. Pato contó que Winston se casó con Verónica, su esposa, en 1970 y que con tuvo a una hija, Susan, que ahora tiene 30 años. Antes de casarse con Verónica, Winston había tenido otra hija, Marcela.

    Cunningham entonces le mostró a Pato un retrato, el cual Pato reconoció como uno de Winston a le edad de unos veintitantos años. Pato contó que, luego de recibirse, Winston fue a trabajar en la oficina de planificación nacional. En aquel entonces, Pato era director regional de una oficina de planificación en el sur de Chile. En marzo de 1972, Pato y Zita se trasladaron a Copiapó porque Winston ya estaba allí y también porque habían mejores oportunidades de trabajo. Pato trabajo bajo la dirección directa de Winston en la oficina de planificación nacional. Pato explicó que ni él ni Winston pertenecían a ningún partido político.

    Disposición clave sobre el uso probatorio de deposiciones en el juicio

    La jueza Lenard pidió un descanso de 15 minutos. Durante el descanso, les advirtió a las partes sobre su decisión de excluir, a petición del demandado, las declaraciones grabadas de tres de los testigos para los demandantes. (Ver Día 1 para los argumentos presentados ante el tribunal con relación a este asunto.) La jueza declaró que las deposiciones no cumplían con los requisitos de las reglas procesales federales porque a los testigos no se les tomó juramento ante un notario (escribano) chileno. No obstante, señaló el tribunal, Davis renunció a su derecho a plantear una objeción contra futuras deposiciones tomadas sin dicho juramento previo luego de haber rehusado la propuesta de los demandantes de juramentar a los testigos ante un notario chileno. La jueza Lenard, por lo tanto, permitió a los demandantes a que siguieran con su plan de presentar otro testimonio por deposición, a pesar de los reparos puestos por la defensa.

    Después del descanso, Pato siguió con su testimonio. Pormenorizó su propia experiencia a respecto de lo acontecido en Copiapó el 11 de septiembre de 1973. Pato conto que se observaba un repentino despliegue militar, incluyendo la presencia de controles militares a través de la ciudad. Señaló que dichas observaciones lo llevaron a deducir que los militares habían tomado el poder del gobierno. Más adelante, escuchó por la radio el último discurso del presidente Allende a la nación y entendió entonces que la junta militar estaba comandada por el general Pinochet. Al día siguiente, según Pato, Oscar Haag - quien, luego del golpe de estado, había pasado a ser el superintendente - convocó a los jefes de servicio a una reunión. Winston asistió a esta reunión. En las horas avanzadas de la noche, Winston lo llamó a Pato por teléfono y le dijo: “Estoy preso y no sé porque. Te pido por favor que me traigas mi bolsa de dormir [y algunos efectos personales] y que trates de hablar con la fiscalía [fiscal militar].” Pato intentó hablar con la fiscalía, pero no lo logró. Fue entonces hasta la cárcel, le entregó a su cuñado sus cosas, y habló con él brevemente. Después, llevó el carro de Winston a la casa de Verónica (la esposa de Winston), le contó a Verónica lo que había sucedido. Finalmente, se dirigió hacia su casa para contárselo a Zita.

    En los días después, Pato fue varias veces a visitar a Winston en el patio de la cárcel. Un par semanas después, cuando fue trasladado a una guarnición militar, Pato fue hasta la guarnición a visitarlo. A las pocas semanas del golpe de estado, según Pato, él también cayó preso, aunque nunca se le acusó formalmente de ningún delito. El Martes, 16 de octubre de 1973, Pato fue transferido de la cárcel de Copiapó a la guarnición militar de Copiapó. Allí, Pato se encontró con Winston, quien le ayudó a Pato encontrar una cama y le aseguró que conversarían a la mañana siguiente. Pato dijo que Winston se encontraba en perfecto estado de salud. Esa noche, Pato durmió intermitentemente y se despertó cuando escuchó que la puerta de su cuarto abría violentamente. Por la puerta vio entrar a personal del ejército, todos en uniforme de combate, incluyendo ametralladoras. Habían otros que se asomaban a la puerta, intentando observar lo que estaba aconteciendo. Pato escuchó que llamaban nombres en voz alta, incluyendo al nombre de Winston Cabello. Pato reconoció algunos de los nombres que llamaban y observó a los soldados mandar a estas personas a que se apuraran. Luego de que llamaran su nombre, Winston, desde una litera de abajo, se vistió apresuradamente. Salió del cuarto abrochándose su cinturón, diciendo, “Me estoy apurando.” Esta fue la última vez que Pato lo vio a Winston. Pato señaló que fue liberado de la cárcel a mediados de diciembre de 1973 en un estado de exilio interno. Salió de Chile rumbo a Estados Unidos en 1974.

    Contrainterrogatorio de Pato por la defensa

    Davis pasó a interrogar a Pato, quien confirmó primero que el coronel Haag era el jefe militar a cargo de Copiapó durante las detenciones de Pato y Winston hasta el momento de la liberación de Pato al exilio interno.

    Cunningham decidió no hacerle ninguna pregunta a Pato después de concluirse el contrainterragatorio de Davis.

    Testimonio de Angel Rubén Herrera Jofre, testigo para los demandantes (grabada en video)

    El testimonio del segundo testigo para los demandantes, Angel Rubén Herrera Jofre (Herrera), fue presentado al jurado por medio de una deposición grabada en video el día 16 de noviembre de 2000. Herrera tiene 56 años y nació en Ovalle, Chile. En el momento que se le tomó la deposición, Herrera vivía en Stockton, California, donde vivido desde 1976. Durante la deposición, declaró que llevaba 30 años de casado y que trabajaba como carpintero para una compañía de construcción. Antes de 1976, no trabajaba porque se encontraba preso en Chile.

    Herrera testificó que lo había visto a Winston Cabello el día 14 o 15 de octubre en Chile, cuando los dos se encontraban presos. Habló con Winston, contándole que había escuchado que llamaban una lista de aproximadamente 15 nombres, incluyendo el nombre de Winston. Durante esta conversación, Herrera le dijo a Winston “nos van a matar. Nos van a matar.”

    Herrera fue llevado al hospital el día 15 de octubre de 1973 para tratamiento médico. Allí recibió una transfusión de sangre como también inyecciones de medicina cada cuatro horas. Permaneció con conocimiento y estaba conciente de sus alrededores durante su estadía en el hospital. Recuerda que su esposa, que trabajaba en el hospital de enfermera de cirujía, lo venía a visitar en el hospital.

    Herrera testificó que, en la madrugada del 17 de octubre de 1973, un oficial del ejército lo vino a visitar. Herrera relató que se encontraba solo en su cuerto cuando despertó al sentir los pasos de alguien. La puerta de su cuarto de abrió, y apareció un oficial llamado Ojeda – uno de los oficiales locales de Copiapó - junto con otro oficial militar que no estaba vestido de la misma manera que Ojeda. Herrera lo reconocía al oficial Ojeda pero no al que lo acompañaba. El segundo oficial usaba un “uniforme de tipo combate con una boina negra, tenía la cara pintada e equipamento de camuflaje.” Herrera recuerda haber reparado en lo “exageradamente armado” que estaba este segundo oficial. Era solamente la segunda vez que Herrera había visto a un oficial local usar una boina negra. Herrera describió las armas que cargaba este segundo oficial. En su cintura usaba un corvo, un “tipo de machete o cuchillo grande,” como también una ametralladora y un revólver. Herrera dibujó un retrato del corvo, el cual fue admitido en evidencia.

    Luego de identificarse, el oficial con el corvo lo mandó a Herrera a ponerse de pié. Herrera comenzó a obedecerlo cuando la puerta abrió y entraron tres militares más, todos vestidos como el oficial del corvo. El doctor de Herrera, un mayor, entró también al cuarto y lo mandó a Herrera a que se acostara. Al no permitir el doctor que se lo llevaran a Herrera del cuarto, el hombre del corvo le respondió, “Como mande usted, Mayor, pero volveré.” En ese momento el hombre de corvo lo golpió a Herrera en el pecho con la culata de su fusil y se fue.

    Herrera testificó que pensaba que el hombre del corvo tenía un rango mayor al de Ojeda, porque era él quien daba las órdenes. Herrera señaló, además, que lucía que este oficial se estaba divirtiendo: “Me dio la impresión como que él sentía que ganaba la guerra o algo así. Yo no tenía arma. Estaba enfermo. Y… si me golpeaba, le daba placer hacerlo.”

    Herrera testificó que posteriormente llegó a conocer la identidad del hombre del cuervo. Señaló que cuando aún estaba preso en Chile, Herrera vio al oficial por la televisión y dijo en voz alta: “Es él.” Después de llegar a Estados Unidos, vio más fotos de este hombre. Testificó que ahora está “99% seguro” de la identidad del hombre con el corvo: el demandado, Armando Fernández Larios. Cuando se le pidió explicar porqué era que pensaba que el hombre en su cuarto en el hospital era Armando Fernández Larios, Herrera respondío: “Porque después vi fotos de él. Pienso que puedo identificar caras claramente. Esa mirada, aveces la veo hasta cuando estoy durmiendo.”

    Contrainterrogatorio de Herrera por la defensa

    Davis leyó en voz alta ciertas secciones del transcripto de la deposición de Herrera, que será continuada mañana cuando los procedimientos se reanudan a las 9:30 de la mañana.

    Arriba

     
    Día 3, 24 de septiembre de 2003

    El Tribunal se esperaba que comenzara con la continuación de Davis leyendo partes de  la deposición del testigo de la parte demandante  Sr.Herrera; sin embargo, los abogados concordaron aplazar esa lectura para acomodar el horario limitado de dicho testigo,  Dra. Elvira Miranda Vasquez, que había volado desde Chile para testificar.

    El Testimonio testigo de la parte demandante Dra. Miranda

    La Dra. Miranda testificó que es patólogo clínico y un examinador médico. Como un patólogo clínico, ella realizó los estudios microscópicos de la enfermedad en el difunto. Su preparación profesional incluye siete años de estudios de medicina tras lo cual  recibió una licenciatura en medicina clínica; tres años de especialidad en patología clínica; cuatro años trabajando como patólogo clínico en un hospital; y otros cuatro años trabajando como patólogo forense y examinador médico. Actualmente la Dra. Miranda esta especializada en estudios microscópicos para valorar las causas de la muerte basadas en autopsias realizadas por otros. Los tribunales chilenos han utilizado a la Dra. Miranda como experto en causas de muerte.

    Después de establecer su pericia, la Dra. Miranda discutió la exhumación de trece cuerpos de una fosa común en el cementerio de Copiapó donde el cuerpo de Winston Cabello fue encontrado. La Dra. Miranda testificó que tomó parte en la exhumación como miembro del Servicio Médico Legal del Gobierno chileno por orden de un juez local. El equipo de exhumación se compuso de varios peritos incluyendo médicos, un dentista forense, un fotógrafo, arqueólogos, ayudantes de autopsia, y la propia Dra. Miranda. La Dra. Miranda explicó que un juez chileno había pedido que el equipo identificara a los cuerpos recuperados e informara a un tribunal de las causas de muerte cuando fuera posible. Ella indicó que el General Pinochet ya no estaba más en el poder cuando las exhumaciones se llevaron a cabo en 1990, y que ella ha trabajado en otras fosas comunes en Chile.

    Bob Kerrigan mostró un video breve del área donde los trece cuerpos, incluyendo el de Winston Cabello se exhumaron. Durante el video, la Dra. Miranda testificó que después de localizar el área general de informes escritos, los arqueólogos usaron picos y palas pesadas para destapar las capas primarias de la fosa. Se encontraron pedazos de papel en el suelo, indicando que los cuerpos se habían enterrado allí. En ese momento, el equipo comenzó a usar palas y cepillos pequeños, para destapar los cuerpos tan detenidamente como pudieron. La Dra. Miranda explicó cómo el equipo aisló los cuerpos para extraerlos de la manera más cuidadosa posible. Una vez extraídos el equipo cubrió los cráneos con aluminio y puso el resto del cuerpo en bolsas plásticas.

    Después de describir el proceso de exhumación, la Dra. Miranda discutió sus hallazgos en la fosa común. Basado en los trece informes forenses que ella preparó como parte de su deber oficial bajo la orden del tribunal la Dra. Miranda concluyó que las personas fueron asesinadas al mismo tiempo. Kerrigan pidió que la Dra. Miranda expresara la causa de la muerte de cada uno de los doce cuerpos encontrados al lado de Winston Cabello. El tiempo permitió que la Dra. Miranda repasara sólo seis de los informes. De los informes que ella discutió, la Dra. Miranda testificó que las causas de muerte incluyeron trauma en la cabeza y la cara, costillas rotas, heridas de cañón, heridas contundentes y heridas con cuchillo. Ella indicó además que muchos fueron disparados por la espalda, algunos de frente y otros por ambas lados.

    La Dra. Miranda continuará su testimonio cuando el Tribunal reinicie la sesión el lunes, 29 de septiembre de 2003 a las 9:30 a.m.

    [Traducido por Manuel Pérez-Leiva, Estudiante de Derechos y Presidente pro bono de la Asociación de Estudiantes de Derecho de los Derechos Humanos (Human Rights Law Students Association-HRLSA), Shepard Broad Law Center, Nova Southeastern University, Fort Lauderdale, FL.]

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    Día 4, 29 de septiembre de 2003

    Tal y como estaba señalado, la sesión ha empezado esta mañana con la continuación del testimonio de la Doctora Elvira Miranda, médico forense a cargo de la preparación de los informes de las exhumaciones de la víctimas de la Caravana en Copiapó. Antes de que el jurado hiciera su entrada en la sala, el abogado de la defensa Steve Davis presentó su objeción respecto a la admisión de los extractos de un video que los demandantes pretendían introducir como prueba durante el testimonio de la Doctora Miranda.

    Tales extractos revelan el proceso de exhumación de la fosa común en Copiapó y el descubrimiento de los huesos, cráneos y ropa perteneciente a los trece cuerpos exhumados de dicha fosa, entre ellos una chaqueta rasgada de Winston Cabello. Davis arguyó que, de conformidad con la Regla Federal de Procedimiento Civil 403, los extractos debían ser excluidos dado que las imágenes eran injustamente prejudiciales para el demandado y sugirió que la única razón para la inclusión del video era la de sugestionar al jurado. Davis añadió así mismo, que tales imágenes constituyen una repetición innecesaria del testimonio de la Doctora Miranda y que la defensa no ha cuestionado la existencia de la fosa común, lo que hace innecesaria la prueba.

    El abogado Bob Kerrigan respondió en nombre de los demandantes. Kerrigan sostuvo que los videos contienen evidencias necesarias para que los demandantes puedan demostrar como se produjo la exhumación y que tales asesinatos constituyen un crimen contra la humanidad. Kerrigan añadió así mismo, que el contenido perturbador de la prueba no la hace inadmisible.

    Tras visualizar los extractos del video sin el jurado presente, la Jueza Lenard concluyo que todos excepto cuatro, eran admisibles. La Jueza estableció que el carácter prejudicial de la prueba no es superior a su valor probatorio a efectos de probar un crimen contra la humanidad y por lo tanto no viola la regla 403. De los cuatro extractos rechazados, tres de ellos se consideraron cumulativos y el cuarto fue rechazado por los propios demandantes.

    Continua testimonio directo de la Dra. Miranda:
    La Dra. Miranda continuó su testimonio directo con la ayuda de los extractos del video descritos anteriormente. A través de ellos la Dra. Miranda describió el trabajo realizado por los arqueólogos en la fosa común en Copiapó e identificó los restos encontrados, tales como huesos, cráneos y prendas de vestir. Señaló que algunos cráneos fueron destruidos, mientras que otros permanecían intactos; respecto a los cráneos destruidos, la Dra. Miranda testificó que la condición de los mismos no se debía a un deterioro natural, sino más bien al resultado de un “trauma considerable.” La Dra. Miranda definió “trauma considerable” como una “herida contundente causada probablemente por un objeto de peso considerable o por considerable violencia.”

    La Dra. Miranda explicó que el equipo forense examinó además la ropa de las víctimas. La doctora explicó como estudiaron los agujeros y los cortes en las prendas para determinar el arma usada con cada víctima. Estableció así mismo, que el tamaño de los agujeros indicaba si se habían producido por la entrada o la salida del proyectil (los más grandes ocasionados por heridas en la salida), y como esto ayudo a establecer si la víctima fue disparada por el frente o la espalda. La Dra. Miranda testificó más tarde, que la mayoría de las prendas de vestir dieron positivo en las pruebas de pólvora.

    La semana pasada, la Dra. Miranda dio testimonio relativo a la causa de muerte y lesiones de seis, de los trece cuerpos exhumados de la fosa común de Copiapó y ha continuado la misma línea de testimonio estableciendo la causa de muerte de las restantes víctimas, incluyendo trauma facial y craneal, heridas en las piernas y brazos, daños en el tejido así como trauma torácico y en la espina dorsal. La Dra. Miranda elaboró una lista de lesiones adicionales sufridas por las víctimas, incluyendo heridas con cuchillo, agujeros de bala, costillas rotas y trauma pélvico.

    Tras describir las lesiones y la causa de la muerte de los doce cuerpos enterrados junto a Winston Cabello, la Dra. Miranda se refirió a lo encontrado en relación con el cuerpo de Winston Cabello y señalo que este murió a causa de un trauma torácico. Aunque la doctora señaló que las pruebas fueron insuficientes a efectos de determinar el mecanismo exacto utilizado para producir el trauma, si manifestó que el trauma fue causado por algo exterior y que en su ropa no se encontraron restos de pólvora. La Dra. Miranda indicó así mismo, que la chaqueta de Winston presentaba varios cortes en la parte delantera y trasera que atravesaron la tela y que se encontraron manchas de sangre rodeando estos cortes.

    Interrogatorio de Dr. Miranda por la parte contraria:
    En el interrogatorio de la parte contraria, el abogado de la defensa Steve Davis, trajo a colación que la exhumación de la fosa común de Copiapó fue la primera exhumación en la carrera profesional de la Dra. Miranda. Davis además cuestionó que el informe de la Dra. Miranda no fuera concluyente en lo que se refiere a la causa de la muerte de Winston Cabello. El informe establece específicamente que “no hay evidencia que permita explicar como dicha lesión o trauma fue causado, pero pudo haber sido causado por un proyectil o un objeto contundente”. La Dra. Miranda respondió que el informe fue redactado de este modo con el fin de dejar la investigación abierta para que tras revisar las pruebas, incluyendo el informe de la Dra. Miranda, un juez en Chile pueda determinar la causa de la muerte.

    Davis entonces preguntó a la Dra. Miranda si había llevado a cabo entrevistas o leído declaraciones de otros presuntos participantes en los asesinatos de Copiapó en relación con la muerte de los trece individuos. La doctora contestó que no y explicó que de acuerdo con el código de Procedimiento Criminal en Chile, no es necesario que los expertos reúnan tal información con relación a sus conclusiones.

    Davis además dejo sentado que no se encontraron balas en el lugar objeto del informe y que la Dra. Miranda no pudo identificar el tipo de arma usada para asesinar a las víctimas incluyendo a Winston Cabello.

    Segundo testimonio directo de la Dra. Miranda:
    En el segundo testimonio directo (a preguntas del abogado de la parte demandante) la Dra. Miranda aclaró que entrevistar a individuos no es parte de sus deberes rutinarios como patologa y que aunque hubiera existido un de haber encontrado a un individuo que le hubiera contado algún detalle inconsistente con sus descubrimientos científicos, en relación con las trece víctimas, no hubiera cambiado sus conclusiones ya que los “descubrimientos científicos hablan por si mismos”.

    La Dra. Miranda confirmó que los videos mostrados al jurado no han sido modificados o alterados de ningún modo y que los mismos “representan fielmente la realidad del momento”.

    Finalmente la Dra. Miranda testificó que en el momento de llevar a cabo la exhumación y dar a conocer sus descubrimientos, no conocía a ningún miembro de la familia Cabello.

    Continúa interrogatorio por la parte contraria de Herrera:
    Tras concluir el testimonio de la Dra. Miranda, Steve Davis continúo leyendo extractos de la declaración del testigo de los demandantes, Ruben Herrera quien fue detenido en la guarnición de Copiapó junto con Winston Cabello.

    Davis leyó partes que señalan que Herrera fue arrestado y torturado antes de que llegara la Caravana a Copiapó, y que el mismo participó en meetings políticos de los que Cabello también fue parte. Además señaló que fue torturado lo que le causó la pérdida de conciencia y tuvo que recibir una transfusión de sangre y medicación antes de la visita del “hombre con el corvo” a quien previamente identificó como el demandado Fernández.

    La Corte se reiniciará mañana por la mañana (martes) a las 9:30 con extractos de la declaración del cuarto testigo presentado por la parte demandante, Víctor Bravo Monroy.

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    Día 5, 30 de septiembre de 2003

    Testimonio testigo parte demandante Víctor Bravo Monroy
    Una vez el jurado hizo su entrada, el juicio continuó con el testimonio del cuarto testigo de los demandantes, Víctor Bravo Monroy (Bravo), quien hizo su aparición mediante testimonio grabado en cinta de video en Chile el año pasado.Bravo vivió en Copiapó, Chile, durante 21 años.En 1973 era el encargado provincial del Registro Civil de la provincia.

    En testimonio directo Bravo declaró que en las primeras horas de la noche del 16 de Octubre de 1973, un jeep apareció en su casa con un oficial del alto mando del ejército acompañado por un soldado armado. Sin dar explicaciones le pidieron a Bravo que subiera al jeep y se dirigieron hacia el cuartel de Copiapó. Bravo caracterizó estos acontecimientos como inusuales. Una vez en el comedor del cuartel donde Bravo tuvo que esperar, vio varios oficiales entrando y saliendo. Recordó que reconoció a la mayoría de estos oficiales ya que varios de ellos eran alumnos suyos de buceo y navegación. También entrando y saliendo se encontraban dos o tres oficiales, a quienes Bravo no reconoció, que vestían diferentes uniformes – uniformes de combate – que se sentaron y conversaron entre ellos. Pasadas dos horas- apuntó Bravo- los oficiales se lo llevaron de regreso al jeep y le condujeron al cementerio de la ciudad donde personal militar les esperaba. Uno de ellos dirigió su linterna al suelo hacia una “pila de cuerpos” cada uno de los cuales, tenia una funda de saco de dormir atada alrededor del cuello; los cuerpos habían sido limpiados con agua. Cuando le dijeron que tenia que identificar los cuerpos a efectos de poder expedir los correspondientes certificados de defunción,Bravo le indicó a los oficiales que no podía hacerlo sin sus utensilios para tomar huellas dactilares. Para sorpresa de Bravo, el oficial le mostró sus utensilios – su propio equipo – que fueron puestos sobre el primer cuerpo de la pila.

    Bravo procedió a remover las bolsas de las cabezas. En este momento de su interrogatorio, Bravo comentó que casi no ha hablado de esta experiencia en su vida por lo desagradable que es. Dijo que el primer cuerpo que identificó fue el de su amigo Alfonso Gamboa, director de una emisora de radio.Bravo testificó que la parte inferior de la cara de Gamboa había sido volada por los aires. Bravo le identifico por medio de sus documentos en su cuerpo ya que de otro modo era imposible reconocerlo. Después, Bravo describió el cuerpo del líder estudiantil Jaime Sierra cuyas cuencas de los ojos habían sido vaciadas con un corvo; continuó describiendo la condición de los restantes seis cuerpos a quienes él conocía personalmente. Bravo entonces comento que no habían solo disparado a muerte a las victimas. Describió a Winston Cabello con un corte de la oreja a la garganta. Encontró heridas de bala en las víctimas desde los pies, por todo el cuerpo, incluyendo las manos. Bravo explicó que cuando se encontraba sobre el cuerpo numero trece, una patrulla del cementerio se acercó inquietando al personal militar. Tras identificar los cuerpos –dijo Bravo- fueron depositados en una fosa común..

    Bravo señaló que vio un camión de carga cerca de la fosa común como los usados por las compañías mineras con la parte de atrás la que parecía la habían lavado para eliminar la sangre. No puedo identificar el nombre de los militares que estuvieron presentas debido a la oscuridad y a su estado de nervios. Cuando se le pregunto si vio a Fernández Larios, Bravo concluyo que entre los oficiales con uniformes de combate se encontraba un hombre alto con un corvo enganchado en su pierna con todas las características de los comandos que vestían de manera diferente a los demás oficiales. Bravo señaló que vio a Fernández Larios por primera vez anteriormente, en el comedor aquella noche mientras esperaba.

    Testimonio de testigo de la parte demandante Juan Morales Alcota
    Tras resolver las objeciones del demandado a que se incluyeran como prueba extractos de declaraciones en un par de videos presentados por la parte demandante, los demandantes presentaron su quinto testigo, Juan Morales Alcota (Morales).

    En 1973 Morales era coronel de primera clase del ejército chileno del destacamento militar en la ciudad de Antofagasta. Este testificó a principios de Octubre de 1973 y fue a Copiapó para trabajar en la segunda división de seguridad militar. Como tal creaba y mantenía las fichas que contenían el nombre de cada prisionero, numero de identificación, dirección, y afiliación política. Los records se mantenían en su oficina en el segundo piso de la guarnición.  Cuando llegó a Copiapó, dijo, aproximadamente treinta y cinco prisioneros políticos se encontraban entre la guarnición y la prisión publica.

    Morales señaló que tras que el helicóptero de la Caravana de la Muerte hubo llegado a Copiapó, dos personas fueron a su oficina en la guarnición de Copiapó.  Uno de estos hombres era Fernández Larios.  Morales entonces recordó haber visto a Fernández Larios maltratar al prisionero Jaime Sierra, a quien lo mantenían junto a los otros detenidos en el segundo piso de la guarnición cerca de la oficina de Morales. Este vio a Fernández Larios golpear a Sierra con su rifle en el estomago o el pecho dos o tres veces, con tanta fuerza, que Morales pudo oír el crujir de los huesos de Sierra. Cuando Sierra cayo al suelo, Morales vio como Fernández Larios golpeaba a Sierra en la cabeza  aplastándole la cara contra el pavimento; dijo que sonó como una sandia. Relato así mismo que mas tarde, Sierra pidió que lo mataran porque no podía aguantar los golpes.

    Morales describió a Fernández Larios como alguien fuertemente armado con uniforme de combate. Su vestimenta era distinta de la de aquellos habitualmente destacados en Copiapó y era mas parecida a la de otros oficiales con quien Fernández Larios había llegado en el helicóptero. Describió así mismo como Fernández Larios junto a los otros en el helicóptero interrogaron a un total de treinta y cinco prisioneros en una oficina interior del segundo piso durante unos veinte a cuarenta minutos cada uno. Morales dijo que Fernández Larios fue el único que permaneció  en la oficina durante los interrogatorios y que actuó como el cabeza del grupo de interrogatorios. Morales comentó que Fernández Larios llevaba la voz cantante en el grupo. El llevaba el mando.  Fernández Larios observaba las tarjetas que contenían información sobre de cada uno de los detenidos y tras ello preparó una lista general con los nombres de los prisioneros políticos y marcó ciertos nombres de la lista.

    Morales señaló que pudo recordar de manera precisa a Fernández Larios después de tantos años ya que vio al demandado en las noticias en Chile, en su oficina y le recuerda golpeando a Jaime Sierra.

    Morales oyó disparos en la noche en la que Winston Cabello y otros detenidos en Copiapó fueron asesinados. A Morales le dijeron que alguno detenidos habían tratado de escapar mientras se les trasladaba y por ello les habían disparado. A la 1:30 de la mañana del día siguiente  – 24 horas después de que Morales oyera los disparos – Carlos Brito, el supervisor de Morales, ordenó a este conducir el camión de carga con los cuerpos hasta una entrada lateral del cementerio donde Morales encontró una fosa común. Una vez allí Morales tomó las huellas de los cuerpos con lo que él creyó eran como usado en la guarnición y mas tarde, se los entregó a su supervisor.

    Testimonio testigo de la parte demandante Dr. Ivan Murua Chevesish
    Seguidamente, los demandantes presentaron el testimonio recogido en video del Dr. Ivan Murua Chevesish (Dr. Murua), medico pediatra chileno. Como tal, en 1973 Dr. Murua dirigía un hospital al Norte de Chile afiliado con las minas de cobre cerca de Copiapó. El doctor testifico que a las 3 de la tarde del 11 de Septiembre 1973, el día del golpe, la policía le arrestó en su casa bajo órdenes del Ministerio del Interior. Lo detuvieron durante tres días en la comisaría de policía antes de transferirlo a la prisión publica de Copiapó donde permaneció hasta el 21 de Octubre de 1973. El Dr. Murua dijo que el 16 de Octubre del mimo año, aproximadamente a las 7 o las 8 de la tarde, él junto con otros fueron llevados al cuartel y fueron interrogados por el fiscal militar local Carlos Brito, quien hojeaba un extenso archivo sobre el. Pasada una media hora, tres militares aparecieron entre ellos el  General Arellano y Fernández Larios lo que puso nerviosos a los oficiales locales. El General Arellano apareció “muy molesto” y pregunto a Brito por los expedientes de los prisioneros políticos. Fernández Larios hizo círculos rojos a los nombres de algunos prisioneros. Dr. Murua escucho al General Arellano decir  “todos estos tienen que ser eliminados” Fernández Larios estaba presente en la habitación cuando el General Arellano dijo esto. Dr. Murua dijo que Brito permaneció allí inmóvil.

    Dr. Murua entonces se refirió a lo sorprendido que estaba con lo brutal que aquella situación se había vuelto. Señaló que antes de que el General Arellano y los otros llegaran los detenidos generalmente habían mantenido una buena relación con los guardias tanto es así que los prisioneros habían apodado al local comandante Oscar Haag “Papa Juan 23rd” ya que su trato había sido en general humano.

    Dr. Murua describió a Fernández Larios vestido con traje de combate y aunque no pudo discernir su rango por la ropa, señaló que  Fernández daba la impresión de ser el ayuda de campo de Arellano por el modo en que interactuaban. Años mas tarde, el Dr. Murua confeso, pudo reconocer a Fernández Larios por medio de una fotografía que apareció en la prensa.  No fue hasta este momento en el que descubrió el nombre de Larios. El Dr. Murua dijo que la persona aquel día en la habitación era Fernández Larios no solo porque tiene buena memoria sino porque bajo tanta presión “uno puede ver claramente, como en una fotografía”.

    En el interrogatorio por la parte contraria, el abogado de la defensa Davis puso a prueba las circunstancias por la que el Dr. Murua estaba en la habitación mientras el General Arellano y los tros hacían planes. Dr. Murua indico que todo el mundo en la habitación de interrogatorios estaba sorprendido de que el General Arellano y los otros llegaran. Aclaro que no le presentaron  formalmente al General Arellano, pero especifico que permaneció veinte minutos en la habitación después de que los extraños llegaran y el personal militar estaba ocupado en otros asuntos no relacionados con ellos Dr. Murua.

    Davis después mostró al Dr. Murua una fotografía de un grupo de soldados desfilando y le pidió que identificara a Fernández Larios en la fotografía. Dr. Murua indico que seis de los hombres en la  foto no eran Fernández Larios, pero no pudo determinar con precisión si de los dos que restaban  en la foto eran Fernández.  El doctor reconoció que su identificación de Fernández Larios cómo la persona que estaba en la habitación con el General Arellano ese día es una tema muy serio. Señaló además que Fernández Larios tenia el pelo corte al estilo militar y patillas.

    En este instante la jueza Lenard excuso al jurado para el resto del día. La misma entonces informó a las partes de las reglas relativas a la prueba respecto de las declaraciones mañana de Patricio Lapostal y Enrique Vidal Aller.

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    Día 6, 1 de octubre de 2003

    El Testimonio de Vidal, Testigo de los Demandantes
    Los Demandantes abrieron el juzgado hoy a las 10 de la mañana con la deposición en video del testigo de Enrique Vidal Aller (Vidal). En septiembre y octubre de 1973, Vidal era un teniente en el ejército chileno asignado a la sede del regimiento que dirige en Copiapó como ayudante del comandante del regimiento, el Coronel Oscar Haag. En esta posición, coordinó la actividad entre el comandante y otros oficiales.

    Vidal testificó que entre las 6-7 p.m. en el 16 de octubre de 1973, vio un helicóptero que aterrizando en el campo de fútbol dentro del regimiento y al no saber quien era organizó una escuadra para rodearlo. Acerca de ocho soldados rodearon el helicóptero, y le apuntaron con sus armas. El recordó que Fernandez-Larios dió un paso afuera del helicóptero primero, seguido por un segundo teniente con el nombre de Julio, y el entonces, General Arellano. Entre tres y cuatro oficiales mas, del grado más alto también los acompañaron. Ellos todo etaban vestidos en uniformes verdes de combate. Vidal reconoció a Fernandez-Larios porque ellos habían sido compañeros de clase en la academia militar. Vidal notó que Fernandez-Larios tenia un arma excepcional en su cinturón – una desgrana con un asidero de madera y una pelota fortalecida de metal conectados a una cadena.

    Vidal expresó que General Arellano le pidió a Vidal el nombre del comandante del regimiento, y él corrió para poder avisar al comandante que el General había llegado, aunque Vidal no supo quién era. Cuando el Coronel Haag se acerco al General Arellano, Fernandez-Larios le preguntó a Vidal cuántos presos había en Copiapó. Vidal recordó haber dicho que habían muchos, pero que el fiscal militar tenia los números exactos. Describió a Fernandez-Larios como muy nervioso, como si buscara presos. Vidal recontó que Fernandez-Larios entonces se fue con el acusador militar y sus oficiales de “la fuerza especial” del helicóptero a ver a los detenidos.

    Vidal vio luego a Fernandez-Larios en el patio de la guarnición de Copiapó alrededor de las 10:30 o 11 p.m. regresar con otros oficiales del área donde los detenidos políticos fueron presos. Vidal notó que Fernandez-Larios llevaba en sus manos el arma que él había visto anteriormente – la desgrana con una pelota fortalecida de metal al final de una cadena. Vidal nunca había visto este objeto antes solo en películas acerca de tiempos romanos y no lo reconoció como un objeto usado por el ejército. Vidal notó que cuando vio a Fernandez-Larios venir del área donde los detenidos se encontraban, se notaba nervioso no tenia un comportamiento normal comparado con sus compañeros que estaban calmados. Vidal notó una diferencia vasta entre Fernandez-Larios y los otros oficiales, como si algo lo hubiera trastornado.

    Después de eso Vidal vio a los oficiales de “la fuerza especial” alrededor de la medianoche en una cena en el club de oficiales. El notó que Fernandez-Larios no estaba con los otros. Vidal tampoco vio a Fernandez-Larios después de la cena. El día siguiente los oficiales entraron directamente en el helicóptero y Vidal nunca volvio a hablarles.

    Vidal dijo que él conocia a Winston Cabello como el jefe del servicio de la planificación en Copiapó y que ellos tuvieron una relación profesional. El expresó que Winston, igual que todos los detenidos, tenian casos que la llegada de Arellano parecia acelerar.Dijo que en la madrugada, alrededor de las 2 o las 3 am, del 17 de octubre de 1973, supo que algunos de los presos habían sido asesinados. La primera version que oyó era que los asesinaron cuando trataban de escapar. Cuándo se le preguntó quien los mató, Vidal respondió que los presos deben haber sido asesinados por la gente que los llevaba en el camión, que hubieran sido el Capitán Patricio Diaz y otros quienes sacaron a los detenidos fuera de la guarnición. El conocia al resto del personal que iba en el camión.

    En el siguiente extracto de la declaracion grabada, el abogado de la defensa Davis asertó más detalles acerca de la ubicación del regimiento con relación a la cárcel pública, la llegada del helicóptero, y las actividades de Fernández en Copiapó. Vidal dijo que el helicóptero aterrizó en el campo de fútbol del regimiento sin anuncio previo de su llegada. A Vidal le dieron la tarea de rodear el helicóptero con acerca de ocho guardias armadas puesto que nadie sabia quien iba en el helicóptero. Vidal dijo que cuándo Fernandez-Larios descendió, Vidal le preguntó que pasaba y cual era el objetivo de su visita. Recordó que Fernandez-Larios respondió preguntando acerca del número de presos en Copiapó. Fernandez le dijo a Vidal que él era la mano derecha del General Arellano y que el General le tenia total confianza.

    Davis entonces le preguntó a Vidal más acerca del arma que él vio a Fernandez-Larios llevar, el desgrana con una pelota fortalecida de acero. Vidal clarificó que cuando él primero vio a Fernandez-Larios bajar del helicóptero, tenia el arma atada a la cintura. Cuándo Vidal preguntó para que era el arma, Fernandez-Larios le dijo que era “para acariciar a las palomas.”

    Vidal dijo que Fernandez-Larios era el oficial mas bajo en estatura que vio situado con “la fuerza especial” y no tenia la autoridad para dar órdenes en Copiapó en 1973; en lugar, él hubiera recibido las órdenes del General Arellanol.

    Durante reexaminación, el abogado de los demandantes, Kerrigan pidió que Vidal dijera lo que él entendió que significaba “acariciar las palomas”. Vidal dijo que él entendió Fernandez-Larios significando “golpear a los presos.”

    Vidal entonces miró la foto de los cadetes militares marchando, una copia de la foto mostrada al Dr. Murua ayer. Vidal se identificó inmediatamente a él mismo y a Fernandez-Larios en la foto, recordando que en aquel momento, en 1967 o 1968, Fernandez-Larios tenia un brazo roto. Cuándo Kerrigan le mostró a Vidal la copia de la foto sobre que Dr. Murua había hecho las marcas X para indicar a hombres que él reconoció que no eran Fernandez-Larios, él confirmó que Dr. Murua no había tachado a Fernandez-Larios en la foto, identificándolo entre dos personas en la foto.

    Vidal contó que cuando él le preguntó a Fernandez-Larios lo que la fuerza especial hacía en Copiapó, Fernandez-Larios contestó que “lo va a averiguar pronto.”

    Vidal también comentó sobre otra de las armas que Fernandez-Larios llevaba, el corvo. Vidal lo identificó como un cuchillo doble bordeado curvado. El notó que Fernandez-Larios lo llevaba atado a la pierna derecha y que era un arma llevada sólo por fuerzas especiales chilenas. El expresó que los oficiales del regimiento en Copiapó ni llevaban ni tenían acceso a los corvos. Vidal dijo que porque Fernandez-Larios fue su compañero de clase anteriormente, él recordó particularmente cómo él iba vestido y las armas excepcionales que él llevaba.

    El Testimonio del Testigo de los Demandantes Patricio Lapostal

    Los Demandantes luego mostraron los extractos de la deposición en video de Patricio Francisco Andres Lapostal Amo (Lapostal). Lapostal se unió al ejército chileno en 1968. En septiembre de 1973 él era un Segundo Teniente bajo el Coronel Rivera Desgroux en la ciudad de Calama, asignado allí para proteger una mina de cobre en el área. El describió que en el 19 de octubre de 1973, “la fuerza especial de Santiago” llegó a Calama. Mientras que él y sus colegas locales fueron armados con pistolas, él notó que los visitantes de Santiago tenían pistolas, corvos, y rifles.

    Lapostal entonces elaboró sobre el diseño y la función del corvo. El dijo que oficiales chilenos los llevaban en 1973 como un despliegue especial, pero no para usarlos. El dijo la forma de la curva, cuando se usa sobre el cuerpo humano, puede causar un daño muy grave – más de lo que un cuchillo normal hace. El observó que la curva interior del corvo puede cortar fácilmente garganta de cualquiera y que la empuñadura de un corvo es capaz de causar una muerte lenta.

    Lapostal dijo que él fue originalmente presentado a Fernandez-Larios en un almuerzo después deque llegó el helicóptero a Calama. Después del almuerzo, alrededor de las 2 o 3 p.m., Lapostal vio un jeep y una camión salir. Entonces, alrededor de las 5:30 – 6 p.m., Lapostal pidió ayuda para organizar una guardia en el lugar donde los detenidos de Calama habían sido disparados.

    Lapostal dijo que él ordenó a los soldados que vigilaran la zona y no permitieran que entraran civiles. Dijo que vio los cuerpos, que habian sido “absolutamente destruido.” Lapostal describió a los cuerpos como teniendo varias heridas de cañonazo y, en algunos casos, heridas de cuchillo. El no observó ninguna otra clase de heridas en particular porque “no era un sitio muy agradable.” El expresó que él esperó ver una ejecución militar normal, como él había visto en otros tiempos. Cuándo Kerrigan pidió que Lapostal describiera cómo las matanzas en Calama difirieron de una ejecución militar normal, Lapostal explicó que en una ejecución militar el preso esta sujeto a un procedimiento formal en el cual él lleva un círculo para colocar sobre el corazón enfrente de una escuadra. En comparación, Lapostal comentó “eso constituye una diferencia enorme de lo que yo vi el 19 de octubre. Antes del 19 de octubre, las ejecuciones eran el resultado del procedimiento formal. “Las ejecuciones que sucedieron en el 19 de octubre eran ejecuciones sumarias-dijo.”

    Lapostal notó que los cuerpos de las víctimas se enterraron en una fosa común. El no supo por qué los cuerpos no fueron dados a las familias, aunque eso habría sido lo normal en una ejecución militar oficial. Notó que no todos los cuerpos de las matanzas del 19 de octubre se han recuperado. Lapostal concluyó diciendo que él no tuvo ninguna duda que la persona con quien él se reunió era Fernandez-Larios.

    El tribunal concluyó temprano hoy debido a un conflicto de obligaciones de un jurado. La presentación del caso de los demandantes reasumirá la sesión mañana a las 9:30 a.m.

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    Día 7, 2 de octubre de 2003

    Interrogatorio del demandante Aldo Cabello

    Las actuaciones comenzaron esta mañana con el testimonio de Aldo Cabello, hermano mayor de Winston.  Bob Kerrigan, abogado de los demandantes, le pidió a Aldo que diera uns descripción de cómo era su familia antes del asesinato de Winston.  Aldo contó que sus padres llevaban más de treinta años de casados cuando murió Winston.  Testificó que él era uno de cinco hijos, los cuales prosiguió a nombrar en orden de edad, comenzando con el mayor:  Manuel, Aldo, Winston (11 meses menor que Aldo), Zita y Karin.  Explicó que, a la hora de su la muerte de Winston, Aldo estaba casado y tenía una hija.  Winston también estaba casado.  Él y su esposa Verónica tenían dos hijas: Marcela (de 6 años de edad) y Susan (de aproximadamente 13 meses de edad).  En 1973, Aldo indicó que trabajaba de profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile.  Antes de ser profesor, Aldo trabajaba de ingeniero civil. 

    Aldo manifestó que se enteró de la muerte de Winston por primera vez el día 17 de octubre de 1973 a las 11 de la noche.  En ese momento, él y su familia vivían en Santiago.  Al día siguiente, Aldo partió para Copiapó, en un viaje de seiscientas millas.  El 19 de octubre, Aldo llegó a Copiapó y habló con Verónica, la esposa de Winston.  Relató que Verónica estaba en un estado de incredulidad porque no había visto al cadáver de su marido.  Según Aldo, todo parecía “como un sueño.”

    Kerrigan le instó a Aldo que hablara sobre la vida profesional y personal de Winston en 1973.  Aldo señaló que Winston era ingeniero económico, habiéndose diplomado por la Universidad de Chile en 1969.   En aquel entonces, el presidente Frei, un líder cristiano demócrata, estaba a cargo del país de Chile y Winston trabajaba para su gobierno.

                Aldo mantuvo que en Copiapó, los militares habían emitido un bando que anunciaba la muerte de trece presos, incluyendo a Winston Cabello.  Aldo explicó que un “bando” se trataba de una orden militar que se publicaba en el periódico o se transmitía por la radio.  El bando informó que trece presos estaba siendo llevados por camión de Copiapó a La Serena cuando el camión empezó a tener problemas mecánicos.  Según la el bando, los trece presos intentaron fugarse y todos fueron matados a tiros porque no se detenían.  Aldo señaló que jamás se ha emitido un segundo bando para rectificar esta historia.

                Aldo describió el efecto que ha tenido la muerte de Winston sobre sus padres.  Señaló que su madre siempre fue muy religiosa y que recurría a las explicaciones religiosas para darle algún sentido a lo acontecido.  Su padre, según Aldo, sufrió una grande depresión: “Ese día, murió su espíritu.”

                En último lugar, Aldo habló de su conocimiento sobre David Silberman.  Silberman fue compañero de facultad y, al igual que Winston, era ingeniero civil.  En 1973, Silberman era el CEO de una gran empresa minera en Chuquimata, CODELCO.

    Contra interrogatorio de Aldo Cabello

                Steve Davis, abogado del demandado, le preguntó a Aldo la población de Copiapó.  Aldó calculó que Copiapó tenía una población de unos 30,000 habitantes en 1973.  Davis le preguntó si había hablado con distintos miembros del ejército en ese momento.  Aldo manifestó que nunca había hablado con el Coronel Díaz o con Ojeda.  No obstante, Aldo confirmó que sí había hablado con el coronel Haag, el que era responsible del arresto y la detención de Winston en Noviembre de 1973.  Señaló, además, que había hablado con otros militares en Copiapó en 1973.

    Testimonio de Jorge Ortiz, testigo para los demandantes

                A continuación, los demandantes presentaron extractos del video de la deposición de Jorge Nelson Ortiz Aedo (Ortiz), grabada el año pasado en Chile.  Al igual que con todas las demás deposiciones grabadas en video y presentadas para la vista del jurado, el demandado también presentó algunos extractos seleccionados de la video-deposición de Ortiz.

                Ortiz era un inspector del ejército que, en los años 70, trabajó en la Penitenciaría de Santiago.  Tras el golpe de estado, tomó el puesto de mayor rango en dicho penal, reemplazando a un carcelero civil.  Permaneció con este cargo hasta el año 1976.  Hoy Ortiz relató la historia de la noche en la que llegó la patrulla militar a la penitenciaría para llevárselo al reo David Silberman.  Según Ortiz, Silberman era el renombrado gerente general de una de las mayores minas de cobre en el norte del país y cumplía en la penitenciaría una sentencia impuesta por condena de un tribunal militar.

                Ortiz contó que el día 4 de octubre de 1974, alrededor de las seis de la tarde, un patrullero militar llegó a la penitenciaría y presentó documentos que ordenaba la entrega de Silberman a la patrulla.  Ortiz dijo que llamó por teléfono al número que aparecía en la orden y confirmó la autenticidad de la misma.  Señaló que había una cláusula en el decreto de encarcelación de Silberman que daba permiso específico para entregar al reo a  investigaciones militares.  Esta cláusula le otorgaba a Ortiz la autoridad para mandar que Silberman fuera entregado a la patrulla.  Ortiz relató que en el momento que se efectuaba el traslado a la patrulla militar, Silberman parecía despreocupado y no hizo ningún comentario, ya que  no era la primera vez que lo sacaban de la penitenciaría.  Desde el portón de entrada del penal, Ortiz observó que el patrullero lo hizo a Silberman subirse a la parte de atrás de un camión de reparto sin chapa - el mismo tipo de vehículo usado por organizaciones nacionales de seguridad.

                Según Ortiz, no fue hasta después que se supo que el oficial de la patrulla militar que había presentado los documentos había dado un nombre falsificado.  Ortiz señaló que, “sin duda alguna,” Fernández Larios era el oficial que había llegado a la Penitenciaría de Santiago a buscarlo a Silberman.  Silberman no ha sido ni visto ni encontrado desde la noche que Fernández Larios se lo llevó de la penitenciaría.

                En el contra interrogatorio, Ortiz aclaró que la entrega de presos a distintas ramas del ejército era, para él era, un proceso protocolario y cotidiano.  Esto ocurría cuando el decreto de encarcelamiento del reo en cuestión estipulaba que el carcelero entregara el reo a la junta militar.  A solicitud de Kerrigan (uno de los abogados de los demandantes), Ortiz explicó, sin embargo, que no era común que se entregara un preso ya condenado cumpliendo su sentencia a una organización del exterior de investigaciones.  No se acordaba de ningún caso durante todo la época en la que trabajó de carcelero, en el que el decreto de encarcelamiento contuviera una cláusula similar a la de Silberman.

                La jueza Lenard les explicó a los miembros jurando que el testimonio de Ortiz trataba un asunto separado en el que Fernández Larios habría estado presuntamente implicado.  Les instó que limitaran su examen del testimonio de Ortiz a respecto del papel del demandado en el asunto Silberman a la medida en la que comprobaba que Fernández Larios tenía un motivo o plan.  Les recordó, además, que basaran su decisión a respecto de la culpabilidad de Fernández Larios en la relación entre las pruebas de los actos del mismo y las querellas de los demandantes.

    Interrogatorio de la demandante Zita Cabello

                Zita Cabello, hermana de Winston, fue la próxima a llegar a la tribuna.  Zita declaró que recibió una maestría en ciencias económicas e ingeniería en Chile, como también un doctorado en Estados Unidos en economía del desarrollo.  En la actualidad, es profesora de estudios latinoamericanos y es una conferenciante visitante en Mills College.

                Zita manifestó que creció con su familia en Renaico, una pequeña aldea en el sur de Chile.  Lo describió a su hermano Winston como su “compañero para muchos juegos,” y que juntos pasaron mucho tiempo jugando y nadando en un río vecinal.  Lo representó a Winston como la “inspiración para su vida,” y señaló que había tomado la decisión de cursar ciencias económicas para poder seguir sus pasos.  Zita habló de la participación de Winston en un grupo de danza folclórica, en el que él cantaba y tocaba la guitarra.  Zita y su marido, Patricio, pertenecían al mismo grupo.

                Zita declaró que ella y su marido se habían desplazado a Copiapó en los primeros meses de 1973.  Contó que, una vez en Copiapó, ella se mantenía en contacto con Winston a diario.  Además, Zita y su familia salían en grupo con la familia de Winston durante los fines de semana.

                En ese momento, Leo Cunningham, abogado de los demandantes, invocó el tema del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973.  Zita declaró que recibió la noticia del golpe de estado durante la mañana, cuando iba en bus camino a la universidad.  Los militares informaron del “movimiento” en Santiago por la radio, instándole al pueblo chileno a que no se preocupara mientras que amenazaban con hacer volar el palacio presidencial si el presidente Allende no renunciaba antes de las 11 de la mañana de ese mismo día.

                Después del 11 de septiembre, según Zita, muchas cosas cambiaron en Chile.  Dos notables cambios fueron la imposición de un toque de queda que obligaba a todo ciudadano a no salir de su casa antes de las 6 o las 7 de la mañana y de regresar a su casa antes de las 6 de la tarde.  La segunda vicisitud notable fue “la incertidumbre que invadió nuestras vidas” al ver que las calles se colmaban de militares cargados de ametralladoras y otras armas.

                A pesar de que Zita reconocía la incertidumbre que prevalecía en Chile, nunca se le ocurrió que ocurriría ninguna atrocidad.  Sin embargo, el 12 de septiembre de 1973, Zita recordó haber estado dando clase en la universidad cuando llegó un amigo con la noticia de la detención de Winston.  Fue detenido en la cárcel y luego llevado a la guarnición militar.  Zita testificó que lo iba a visitar a Winston unas tres veces por semana para verlo y llevarle comida.  A su hermano lo encontró saludable, optimista y reconfortante con respecto a su detención.  Le decía a Zita que sólo permanecería detenido hasta que los militares resolvieran la administración del gobierno.  Zita testificó que antes del 12 de septiembre de 1973, Winston nunca había sido ni arrestado ni detenido y que nunca se le había imputado ningún tipo de cargo o acusación.

                Zita declaró que lo vio a Winston por última vez cuando lo fue a visitar el 14 de septiembre de 1973.  Durante esa visita, Winston le aseguró a Zita que él y su marido (Pato Barrueto) serían liberados próximamente.  Las visitas de Zita, conjuntamente con el optimismo de Winston y sus afirmaciones alentadoras, hicieron desvanecer las preocupaciones que Zita había sentido inicialmente por la seguridad de Winston.

                Zita señaló que el día 17 de octubre, una colega la había invitado para tomar un café en la cafetería de la universidad.  La colega le contó a Zita que se corrían el rumor de que lo habían matado a Winston.  Zita dejó caer su taza de café y salió corriendo para su casa, donde encontró a Verónica y Susan.  Basándose en los datos que le dio Verónica, Zita fue hasta la guarnición militar para averiguar si era verdad que Winston había sido ejecutado, pero los soldados no le permitieron la entrada ni le dieron ningún tipo de información.  De ahí, según Zita, ella fue con Verónica hasta la casa de un oficial, quien les confirmó que Winston había sido efecutado.  Zita fue entonces hasta un abogado para pedirle su ayuda para determinar qué era lo que le había ocurrido a su hermano.  Al día siguiente, en el consultorio del abogado, Zita y Verónica vieron el bando, redactado y firmado por el coronel Haag: “Intento de fuga de presos burlado.”  Zita testificó que en ningún momentó aceptó la historia oficial como verídica.  Señaló que no tendría sentido que Winston intentáse fugarse cuando en realidad creía que sería liberado al día siguiente.

                Zita recordó los dolorosos días después de la muerte de Winston.  Señaló que no hubo funeral porque la familia nunca recobró su cadáver.  No obstante, en octubre de 2002, los Cabellos celebraron un servicio conmemorativo para Winston Cabellos y las demás victimas que perecieron junto a él.  Zita señaló que había puesto un anuncio en un conocido periódico chileno para convidar a quienquiera que interesara.  Junto al anuncio, Zita colocó un retrato de quien pensaba ser Fernández Larios y solicitó información acerca de él.  Declaró que había tomado la fotografía de una revista, y que nunca antes lo había visto a Fernández Larios.  Expresó, sin embargo, que hoy en día reconoce que dicha fotografía no era de Fernández Larios.

                Zita declaró que, en los días después de la muerte de Winston, como ya no había manera de salvar a su hermano, se dedicó a salvar a su marido, quien permanecía detenido y a atender a su padre, que había caído muy enfermo.

                En cuanto a ella misma, Zita señaló que “el día que murió Winston, perdí una mitad de mí misma.” Expresó el profundo dolor que sufrieron ella y su familia porque “alguien había decidido que me hermano ya no merecía vivir.” Zita explicó que las últimas palabras que le habó Winston le sirvieron como su última fuente de esperanza: “Pueden cortar todas las flores, pero jamás podrán detener el regreso de la primavera.”

    Contra interrogatorio de Zita Cabello

                Steve Davis, el abogado de la defensa, la cuestionó a Zita sobre el anuncio que había puesto en el periódico chileno con el retrato equivocado de Fernández Larios.  Zita reiteró que en aquel entonces desconocía que la fotografía no era de Fernández Larios. 

                Davis le preguntó a Zita sobre los militares a cargo de Winston durante su arresto.  Zita testificó que era el coronel Haag quien ordenó el arresto y quien tenía la autoridad para liberar a Winston o mantenerlo detenido.  Davis también le hizo preguntas sobre su conocimiento acerca de la participación de los militares locales en la tortura de los reos.  Zita señaló que había escuchado rumores pero como nunca había conocido a los presos personalmente, no podía testificar al respecto.

                En ese momento Davis le preguntó a Zita si, desde 1974, ella se había propuesto, como propósito de vida, averiguar los detalles de lo que le aconteció a su hermano.  Zita declaró que éste era su propósito y que había viajado a Chile para ubicar a testigos que posiblemente tenían información sobre lo acontecido.  Zita señaló que ha hablado con Haag y que trató, infructuosamente de hablar con Arellano, quien se negaba a dirigirle la palabra.  Zita reconoció que nunca escuchó ni vio ningún helicóptero aterrizar en Copiapó.

                Davis también la interrogó sobre el bando redactado y emitido por el coronel Haag.  Zita declaró que, cuando habló con Haag en 1973, él le había dicho que Winston se había dado a la fuga, de acuerdo con la historia relatada en el bando.  Sin embargo, en conversaciones posteriores, según Zita, Haag le dijo que el general Arrellano había ordenado la ejecución de Winston.  [OBS: Un tema predominante de la defensa hasta ahora ha sido que el coronel Haag y los oficiales locales eran los responsables de las ejecuciones de Copiapó.]

                En último lugar, Zita testificó que había hablado con Haag a respecto de la liberación de su esposo (Pato Barrueto).  Fue entonces cuando Haag permitió que Zita y su marido partieran de exilio interno.

    Testimonio de la demandante Karin Cabello Moriarty

                Karin Cabello Moriarty (Karin) fue la tercera testigo del día a testificar en vivo.  Karin, quien ahora vive en San Mateo, California con su esposo y su hija menor, es la hermana de Winston, 15 años menor que él.  Dio testimonio sobre los recuerdos que tenía de su hermano y de las repercusiones de su muerte sobre su familia.

                Karin expresó que cuando era niña, Winston jugaba y bromeaba con ella.  Comentó, además, que a Winston le gustaba mucho los cafés con leche que ella preparaba.  Recuerda que él le compró los zapatos para el colegio cuando sus padres no tenían el dinero para comprárselos y que también le había regalado su primera y única bicicleta.  Karin relató que fue Winston quien le enseñó a manejar el carro familiar a través de su aldea cuando ella tenía once años.  Explicó, además, que Marcela, la hija de Winston, fue su compañera de la infancia y que Verónica, su esposa, era como una amiga y tutora.  De recién casados, Winston y Verónica vinieron a vivir con Karin y sus padres.

                Luego, en 1973, cuando Karin tenía 13 años, vivía en la localidad de Malloco, cerca de Santiago.  Copiapó, donde vivía Winston en aquel entonces, quedaba a unas once horas de distancia por bus.  El 12 de septiembre de 1973, Karin recibió la noticia de que su hermano había sido detenido.  Se le entrecortó la voz cuando relató su última conversación con Winston, el día 15 de octubre de 1973, cuando él le contó que sería liberado en los días próximos.

                Karin señaló que era un día de clases cuando recibió la noticia del asesinato de Winston.  Mientras montaba en bicicleta hasta la casa de su familia, sabía que algo estaba mal porque habían muchos carros estacionados afuera.  Cuando dejó su bicicleta al lado del portal de la cocina, se lo encontró a su padre parado, los brazos cruzados, y con su rostro moreno todo esangüe y palidecido.  Él le dio la noticia, que “los militares lo mataron,” noticia que le fue confirmada por los demás dentro de la casa.

                Karin concluyó diciendo que lo que más extrañaba era la risa de su hermano.  Lo recuerda como el que organizaba todo en su familia, que tocaba la guitarra y que había aprendido a tejer con su madre.

    Testimonio de Leonardo Meza Meza, testigo para los demandantes

                A continuación, los demandantes presentaron el testimonio de Leonardo Meza Meza (Meza), leyendo en voz alta sus respuestas escritas a las preguntas hechas por las partes el año pasado a través de una carta rogatoria (carta de exhorto), mediante la cual el tribunal federal de Estados Unidos solicitó la ayuda de las autoridades judiciales chilenas para obtener el testimonio de varios testigos.  El abogado Cunningham leyó las preguntas hechas a Meza mientras que Healy leyó sus respuestas.

                Meza estaba a cargo de cementerio de Copiapó en 1973.  Relató sus experiencias con las ejecuciones de Copiapó ese octubre.  Su testimonio reveló la compulsión impropia bajo la cual las escoltas militares lo mandaron a que participara en el entierro de los 13 cadáveres de los presos ejecutados en la madrugada del 17 de octubre.  Meza señaló que después de haber cumplido con una orden de abrir el portón del cementerio, las escoltas lo ordenaron a ayudar a trasladar los cadáveres del camión a la fosa.  Mientras tanto, lo amenazaron que si fuera a hablar siquiera una sola palabra, él “sería el número catorce.”  Una vez que los cadáveres estaban dentro de la fosa, lo dejaron a Meza a que cerrara el cementerio.  Meza contó que dejó de trabajar después de la llegada de las escoltas por cuenta de dicha amenaza.

    Testimonio del testigo Sergio Victor Arellano Stark

                Los demandantes presentaron el testimonio por carta rogatoria de Sergio Victor Arellano Stark (“Arrellano”), el comandante de tropas a cargo de las tropas que “actuaron”[dieron el golpe de estado] en Santiago el 11 de septiembre de 1973.  Declaró que era el general de la brigada bajo el mando directo del general Pinochet.  Arellano señaló que, de conformidad con una orden de Pinochet, viajó hasta el norte de Chile en octubre de 1973 para cumplir una misión militar, acompañado del teniente coronel Sergio Arredondo González, el mayor Marcelo Morén Brito y el teniente o teniente subalterno Armando Fernández Larios.  Arrellano relató que lo había conocido a Fernández Larios por vez primera en el helicóptero, mientras que “se sometía” a las órdenes de Arrellano.  Arrellano señaló que no le asignó a Fernández Larios ningún tipo de función particular para la misión militar.

                En ese momento, Davis, el abogado de la defensa, leyó otros extractos seleccionados de las respuestas de Arrellano, en los que Arrellano declaraba que, el 16 de octubre de 1973, alrededor de las seis de la tarde, había viajado a Copiapó porque allí estaba una de las guarniciones que Pinochet había mandado que visitara.  Dijo que viajó hasta allí para “darles instrucciones a las tropas de la unidad de esa localidad.”  Declaró que Fernández Larios lo acompaño en Copiapó, armado con un revólver y un corvo.  Señaló, además, que Fernández Larios era el que menor rango tenía de todos los oficiales que iban en el helicóptero.  Por lo tanto, señaló, Fernández Larios no decidió ninguno de los destinos del helicóptero.

                Arrellano declaró que la primera vez que supo de las ejecuciones de Copiapó fue mediante la prensa.  Aludió a la posibilidad de que el administrador del cementerio le habría dado la información a la prensa.  Declaró, entonces, que “los presos ya estaban muertos cuando llegué a Copiapó, ya habían sido ejecutados cuando yo estaba todavía en Santiago.”  Hizo la especulación de que uno de los presuntos implicados del regimiento de Atacamá habría dado la orden de remover los presos de la guarnición.  Arrellano señaló que Patricio Diaz Araneda estaba a cargo del grupo que mató a los presos.

    Testimonio del testigo Marcelo Luis Manuel Morén Brito

                A continuación, los demandantes presentaron el testimonio por carta rogatoria de Luis Manuel Morén Brito (Morén Brito) En 1973, Morén Brito era un mayor del ejército del regimiento La Serena, bajo el mando del general Arrellano.  En su respuesta, Morén Brito declaró que, en octubre 1973, había viajado con el general Arrellano en su comitiva militar en el norte de Chile, junto con Sergio Arredondo, Pedro Espinoza, Juan Chiminelli, otros oficiales y Armando Fernández Larios.  Señaló que desconocía la función de Fernández Larios en la misión.  Cuando se le preguntó sobre la parada de la comitiva en la ciudad de Calama, Morén Brito contestó que se había enterado de las ejecuciones de 26 presos en esa ciudad por que las vio con sus propios ojos.

    Testimonio del testigo Juan Viterbo Chiminelli Fullerton

    A continuación, los demandantes presentaron el testimonio por carta rogatoria de Juan Viterbo Chiminelli Fullerton (“Chiminelli”)  En septiembre y octubre de 1973, Chiminelli era mayor del ejército y el adjunto del general Arrellano en la guarnición militar de Santiago.  Chiminelli viajó con el general Arrellano en su misión militar por el norte de Chile en octubre del 1973.  Con respecto al papel de Fernández Larios en la misión, dijo que “básicamente, desconozco cuál fue su función porque él no fue elegido por el general Arrellano de viajar en la misión.  Él se apareció ahí y se montó al helicóptero.”

    Al reanudarse las actuaciones mañana a las 9:30 de la mañana, Davis, el abogado de la defensa, leerá las respuestas de Chiminelli seleccionadas por él.

                Los demandantes expresaron que procederían después a llamar a Fernández Larios a la tribuna.

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